| Re-evaluar Nuestra vida |
| Escrito por Reinhard Bonnke |
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Jesús dijo “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura”. ¿Ah, si? ¿Y, cómo? Él no nos dio ningún consejo, tampoco nos explicó métodos prácticos. No disponemos de ningún plan divino para el evangelismo, sólo de Su mandamiento de ir a todo el mundo. Obviamente, Él lo deja a nuestra sensatez y juicio. Dios es así. Él delega la organización de los asuntos en la tierra en nosotros. Él da la sabiduría necesaria. En cuanto a métodos, el apóstol Pablo dijo “Me hice todo para todos, a fin de salvar a algunos por todos los medios posibles.” 1 Cor. 9:22. En CfaN oramos por sabiduría para nuestras campañas evangelísticas y nos sentamos y debatimos sobre los métodos y los medios. Dios siempre ha honrado nuestras inversiones de dinero, tiempo y nuestros sacrificios guiándonos en una ‘procesión constante de triunfo’. La Gran Comisión no puede ser reducida a mera rutina; es, más bien, para corazones y almas en las que arden los deseos del Espíritu Santo. Los días de este año 2009 se abren delante de nosotros como un camino en el que nos esperan nuevas circunstancias y nuevas situaciones. Les haremos frente y avanzaremos por el poder de Dios. El tema siempre presente – el Evangelio Nuestro mensaje es de suprema importancia, primero para el destino de cada ser humano y, segundo, para las naciones. Cómo una nación se relaciona con Cristo determina lo que es, para bien o mal. El Evangelio es un tema vital en todo el mundo. A pesar de los reclamos preconizados a voz en cuello de otras religiones, la curva de crecimiento del cristianismo aumenta más que cualquier otra y no depende de fuerza o multiplicación. El grupo pentecostal-carismático ha crecido en tan sólo cien años de tal manera que casi representa el 50 % del total de la comunidad cristiana contada en todo el mundo en 1900. Se ha dicho del inicio del presente milenio que sería prometedor y que determinaría el curso de la historia. Se pensaba que el 1 de enero de 2000 (2001) sería de especial importancia, un momento dramático, o quizás el inicio de la segunda venida de Cristo. Su venida y las señales que la acompañarían fueron un tema de gran interés, a pesar de la amonestación de Jesús de no preocuparnos por fechas: ”No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones, que el Padre puso en su sola potestad, pero…me seréis testigos” (Hechos 1:7-8). Jesús les recordó a sus discípulos – y a nosotros – que todos tenemos un llamado y un destino mientras estemos en este mundo. Al igual que Pablo, nosotros somos responsables del Evangelio. Jesús aprovechó su último e importantísimo momento de su presencia aquí en la tierra para recordarnos nuestro llamado como sus testigos. Esto nada tiene que ver con una década de evangelísmo sin límites, sino que comenzó en Pentecostés y durará hasta que Cristo Jesús regrese. Este es el tiempo y “AHORA es el día de salvación.” Nosotros vivimos en el mismo ‘ahora’ que los discípulos y primeros apóstoles. La dirección para el 2009 El movimiento de la Nueva Era prometió la felicidad de la Era de Acuario en la que buenos venusianos gobernarían el mundo. Este prognóstico no se hizo realidad y fue convenientemente olvidado. Pero llegará el día cuando el Evangelio iluminará al mundo entero. Los guerreros de oración del siglo XIX lo creyeron y la generación de nuestros antepasados denodados emprendió la tarea imposible. Algunos de ellos se llevaron sus propios ataúdes sabiendo que su vida como testigo sería muy corta. Hoy en día, el evangelismo a todo el mundo está dentro de lo posible. Creemos que podremos cumplir nuestra tarea. ¡Adelante! Este es el lema de nuestro Capitán para el 2009. Esta es la agenda de Dios. ¿Cuál es la suya? Pero, ¿lo tenemos que hacer solos? ¿De veras creen que nuestro Señor nos encomienda el trabajo, nos deja encontrar la manera de hacerlo, nos tira al vació y espera que lo hagamos, sin interesarse acaso por lo que hacemos? Jesús se preocupó así como lo hizo también el pionero apostólico y líder de toda misión en el extranjero, Pablo. Miremos de cerca su ministerio. “¿Quién irá por nosotros?” El gran capítulo dos de 2 Corintios 6 se nos presenta como una puerta abierta del cielo desde la que se hace oir el clamor “¿Quién ira por nosotros?”. Este pasaje de la Biblia contiene más amor y pasión que todas las novelas del mundo, el deseo ferviente de Pablo, un precioso mortal que conquistó su propio yo pareciendose cada vez más a Cristo. Siempre preparado para morir si fuese necesario, Pablo núnca titubeo hasta cumplir con su misión. Esta misión hoy nos es entregada, y, gracias a Dios, en un mundo menos peligroso y muy diferente precisamente por el hecho de que hombres y mujeres como Pablo dieron a conocer el nombre de Jesús. “Nos recomendamos en todo como ministros de Dios, en mucha paciencia, en tribulaciones, en necesidades, en angustias; en azotes, en cárceles, en tumultos, en trabajos, en desvelos, en ayunos” (2 Cor. 6:4-5). Y sigue la maravillosa gracia evidente de Dios impregnando sus palabras con tanta humildad y modestia: “En pureza, en ciencia, en longanimidad, en bondad.” ¡Qué carácter! Y en el versículo 7 se desvela el secreto detrás de todo, la fuerza y capacidad que nosotros también podemos conocer para caminar en las huellas del apóstol – un secreto nada secreto sino descubierto para nosotros, la Palabra de Dios: “En el Espíritu Santo, en amor sincero, en palabra de verdad, en poder de Dios, con armas de justicia.” Y entonces, Pablo sigue describiendo en los versículos 8 a 10 las reacciones – buenas como malas – en ese tiempo de idolatría del Imperio Romano, los resultados de sus viajes y su incansable testimonio. Todos los libros y las aventuras del mundo juntos no cuentan nada semejante. “Por honra y por deshonra, por mala fama y por buena fama; como engañadores, pero veraces; como desconocidos, pero bien conocidos; como moribundos, mas he aquí vivimos; como castigados, mas no muertos, como entristecidos, mas siempre gozosos; como pobres, mas enriqueciendo a muchos; como no teniendo nada, mas poseyéndolo todo.” Pero léanlo ustedes mismos. He acortado el pasaje dejando fuera las conjunciones. Léanlo en voz alta y puede que les salten las lágrimas. De todas las historias escritas a lo largo del tiempo, sólo el Evangelio pudo encontrar a un hombre capaz de decir estas cosas. Las crónicas de los grandes héroes de batalla carecen de un capítulo como este. Muchos han sostenido que Pablo solamente iba a donde el Espíritu de Dios le guiaba y que por esta razón, Dios estaba con él no importa adónde se dirigía. Los relatos de sus misiones pioneras empiezan en el capítulo 13 de Hechos y terminan con su arresto en el capítulo 21. La convicción de Pablo acerca de la voluntad de Dios impregna cada página, incluso durante el tiempo de su encarcelamiento en Roma. Para Pablo, el dar a conocer a Cristo en todo el mundo (hasta entonces conocido) no fue una ocupación trivial, pues “siendo libre de todos, me he hecho siervo de todos para ganar mayor número” (1 Cor. 9:19). Aquí está lo que se conservó de su historia. Estos capítulos hablan de cómo Pablo fue guiado en sus viajes comenzando con su ordenación y partida de Antioquía por palabra profética. Pero él ya conocía la obra a la que Dios le había llamado como vemos en Hechos 13:1-3. Los nueve capítulos sobre sus viajes cuentan de su odisea casi sobrehumana que duró varios años. Sólo se nombran unas dieziocho o veinte ciudades donde Pablo predicó, pero se le describe cruzando regiones completas, como en Hechos 15:41: “pasó por Siria y Cilicia” o ‘de lugar en lugar”. No se nombran detalles de las inumerables localidades visitadas y sus experiencias en las ciudades o pueblos. Pablo siempre se dirigía hacia donde había una sinagoga. Esto implicaba muchas, quizas cientas de decisiones a diario. Pero en todos estos años, no leemos de más de seis posibles ocasiones donde recibió dirección de parte de Dios. Pablo era guiado. Quizas Pablo buscaba a Dios, pero no lo leemos en ninguna parte. Pablo era completamente responsable de todo lo que hacía. Ya conocemos la voluntad de Dios para nosotros Algunos se quedan con los brazos cruzados esperando que les llamen para empezar. Todos y cada uno somos personalmente responsables de lo que hacemos. Nunca es una excusa decir “El Señor me dijo”. Cuando decimos “Dios me dijo” mejor sea así. Pero Dios no asumará la responsabilidad si las cosas van mal. Seremos juzgados, no importa si recibimos las instrucciones del diablo, de hombres o de Dios. Dios nunca se declara responsable. En las cartas de Pablo escritas durante sus viajes queda patente que él trabajaba según su propio parecer tras evaluar las circunstancias y oportunidades. En sus cartas en el Nuevo Testamento Pablo no menciona de ninguna manera el haber buscado a Dios para que le diera instrucciones específicas acerca de qué hacer y adónde ir. Pablo era motivado por la pasión de Cristo. El señorío de Jesucristo no es una dictadura. Nuestro servicio consiste en amor no en servidumbre. Se conoce Su ‘voluntad perfecta’, nuestra santificación, el amor al prójimo y otras condiciones bíblicas y espirituales parecidas. Se dan instrucciones precisas para circunstancias prácticas, pero sólo cuando Dios tiene un propósito extraordinario e insólito. Un ejemplo es cuando Pedro recibe instrucciones del Espiritu Santo para ir a Cesarea y predicar a no judíos. No fue al azar. Tampoco tenía este tipo de experiencias todos los días. Fue parte de la revelación divina y un acontecimiento de trascendencia histórica en la economía de Dios. El Salmo 32:9 nos anima “No seáis como el caballo, o como el mulo, sin entendimiento, que han de ser sujetados con cabestro y con freno.” Dios guía nuestras vidas, ¡sí lo hace! Conocer Su voluntad no es un privilegio exclusivo para las élites, para los que logran alcanzarle. Él nos cuida ya que “todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios” (Romanos 8:14). No siempre escuchamos una voz audible, y raras veces viene un ángel y nos toma de la mano. Sin embargo, no carecemos de sabiduría – o no necesitamos carecer de ella. Un caballo no tiene sabiduría para guiarle en su camino y necesita que estiren del freno para dirigirle. Nosotros no somos caballos. ¿Qué nos impulsará? El Señor usa nuestros caminos para comprobar si somos dignos. ¿Qué nos motiva? ¿Beneficios personales? Existen muchas motivaciones buenas y justas para generar amor. La mayor entre ellas es probablemente la obediencia al llamado de Jesucristo: “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura”. Ésta también es la labor de Dios. Es un privilegio. Háganle caso y conozcan un gozo desconocido en tierra y mar. Con ello incluso haremos más feliz al Cielo. El Evangelio re-evalua la vida. La cruz es la herramienta de Dios para re-formar nuestro propósito y significado. Así es el Evangelio. Cuando lo abrazamos, nos abraza y se apega a nosotros como un imán; nos guía, nos lleva adónde sólo el amor se atreve a ir, nos mueve a hacer lo que sólo al amor se le ocurre hacer, lo que El que es Amor quiere que sea hecho, si tan sólo encuentra a alguien dispuesto a hacerlo. ¿Le encontrará? ¡Hagamos que este año sea un año de victoria para el Evangelio! |





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