| Merry Christians |
| Escrito por Reinhard Bonnke |
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Risas y alabanzas En Santiago 5:13 leemos: ‘¿Está alguno de buen animo? Que cante alabanzas’ (NVI). La palabra no está bien traducida con ‘buen animo’. La Reina Valera lo pone más claro cuando traduce: ‘¿Está alguno alegre? Cante alabanzas’. ‘Alegría’ es lo que hombres y mujeres perdonados por Dios sienten. Entonces, ¡canten alabanzas! El salmo 126 es uno adecuado para cantar: ‘Cuando Jehová hizo volver de la cautividad a Sión, fuimos como los que sueñan. Entonces nuestra boca se llenó de risa y nuestra lengua de alabanza’. La experiencia del cristiano de haber sido perdonado se resembla, sin duda alguna, a esta situación que da motivo para la risa y cánticos de alabanza. Jesús dijo: ‘Regocijaos de que vuestros nombres están escritos en los cielos’ (Lucas 10:20), incluso dijo, ‘¡Saltad de alegría!’. ¡Salten de alegría! ¡Exprésenlo con sus cuerpos! Que nadie se atreva a decir que la alegría que reina durante las fiestas navideñas no sea apropiada. ¡Es muy apropiada! Pero, ¿somos suficientemente alegres? ‘Adoración’ en la Biblia siempre sugiere una expresión física: ‘Has cambiado mi lamento en baile’ (Salmo 30:11). Nadie en todo el mundo, incluso en Israel, había escuchado jamás que alguien nacido en la tierra podría salvar a la humanidad de sus pecados. La declaración del ángel introdujo un cambio extraordinario y revolucionario. El salmista dijo: ‘Bendice, alma mía, a Jehová. Él es quien perdona todas tus maldades.’ ‘Bienaventurado aquel cuya transgresión ha sido perdonada y cubierto su pecado. Bienaventurado el hombre a quien Jehová no culpa de iniquidad’ (Salmo 103:1,3; 32:1). Las personas que vivieron en tiempos del Antiguo Testamento, sin embargo, no disfrutaron del todo de dicha posibilidad. El autor del salmo 30 dice: ‘A ti, Jehová, clamaré. Has cambiado mi lamento en baile; me quitaste la ropa áspera y me vestiste de alegría. Por tanto, a ti cantaré, gloria mía, y no estaré callado.’ El pueblo de Israel disponía de estas Escrituras, pero fue Pablo quien tuvo que ponerse de pie en la sinagoga de Antioquía y anunciar: ‘Sabed, pues, esto, hermanos: que por medio de él se os anuncia perdón de pecados’ (Hechos 13:38).
Hacemos regalos de Navidad. Cuando Jesús le perdonó a Zaqueo, el corazón encogido y pequeño de éste empezó a expandir, por lo cual sacó su monedero y lo abrió, queriendo regalar todo su dinero. Somos amables en Navidad. Cuando Jesús le perdonó al paralítico tumbado sobre angarillas, se puso de pie de un salto, completamente sanado y se fue a casa. ¡La fiesta que se montó! Cuando Jesús le perdonó a una prostituta, ella entró al lugar donde él estaba, su cara empapada con lágrimas de gratitud, y lloró por amor a los pies de Jesús. Esto es perdón verdadero, Jesús mismo lo dijo. La Navidad significa amigos y reuniones amigables. Una mujer samaritana conocida por tener seis hombres se encontró con Jesús. Salió corriendo para traer a su actual marido y a todo hombre que encontraba en su camino para conocer al “Salvador del mundo” - Jesús. ¡Esto es perdón! ¡Jesús perdona y salva! Él no se basta con mandar el remedio. Él ES el remedio. Hay métodos y caminos para mejorar el mundo, pero nadie realmente hace uso de ellos, y nos falta la voluntad para ponerlos en práctica. Jesús vino para salvar al mundo, no para mostrarnos cómo salvarnos a nosotros mismos. Necesitamos que Él nos salve, que Él aplique el remedio. Su mano salva. Él cambia nuestra voluntad y actitud. La venganza es como una úlcera enorme en el mundo, pero Su sangre nos limpia de ella. Jesús es el único Salvador. Cuando Pedro dijo ‘Y en ningún otro hay salvación, porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos’ (Hechos 4:12), lo dijo como constatación de un hecho innegable, no como una conjetura hipotética. La Navidad es diferente La Navidad es diferente, es una fiesta como ninguna otra. Ninguna religión conoce una época como la navideña. Lo que aquí se celebra no es una doctrina, una tradición obligatoria o un ritual tradicional. Se trata de una explosion espontánea de gozo causada por la revelación del maravilloso y glorioso Dios y Padre de nuestro Señor Jesús. ¡Qué Dios, el ‘Dios y Padre de Jesús’! Y ¡qué Hijo, qué Salvador! |





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