| ¡Es tiempo de echar mano de la vida! |
| Escrito por Reinhard Bonnke |
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Echar mano de la vida. 1 Timoteo 6:19 AHORA es el tiempo para vivir – para obtener y echar mano de la vida verdadera. ¡Ahora mismo! Jesús contó la historia de un hombre que trabajaba y trabajaba sin parar. Hasta que un día decidió que era tiempo de retirarse. Ya a punto de disfrutar de los frutos de 40 años de duro trabajo, recibió un mensaje inesperado: “Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma, y lo que has guardado, ¿de quién será?” (Lucas 12:20). ¡Qué tragedia! Había esperado demasiado tiempo para realmente empezar a vivir. Jeremias, aquel profeta verdaderamente santo, nos mostró la cruda y real verdad sobre su nación. Advirtió a su último rey Zedequías que Babilonia estaba a punto de borrarlos del mapa: “¡Pasó la siega, se acabó el verano, pero nosotros no hemos sido salvos!” La situación era muy parecida a la del hombre que trabajó tanto – ellos habían pasado un buen tiempo, pero aún así se habían perdido vivir la vida verdadera. Un propósito alto y trascendental Una vez vi en un museo de ciencias naturales una colonia de hormigas expuesta en una vitrina de cristal. Fue fascinante observarlas. Estaban todas tan ocupadas. Podía ver su mundo entero en el que estaban completamente aisladas de todo lo demás en el museo. Existían literalmente en su propio mundo, ocupadas con sus propias cosas y sin conexión alguna con las cosas más allá de su pequeño imperio. Bueno, eso puede valer para hormigas, pero, ¿no es cierto que algunos de nosotros son un poco así, viviendo una vida sin pensar en algo superior, algo más allá de nosotros mismos? Me recuerda a la oración de un hombre común y corriente: “Señor, bendíceme a mí y mi esposa, a nuestro hijo y su esposa, a nosotros cuatro y a nadie más. Amén.” ¿Es esto vida? ¿Sin ningún propósito más alto y trascendental aparte de obtener bendición para nosotros mismos? Bueno, sin Dios, así es la vida. O tenemos a Dios en nuestras vidas, o lo que tenemos es al fin y al cabo nada más que una monótona existencia como un callejón sin salida – en medio del mundo, un tiovivo que tarde o temprano quedará sin energía. ¿Qué es la vida sin Dios? Nosotros no tenemos relevancia alguna, así como todo este mundo de industria y negocio. Todo lo que no toma en cuenta a Jesucristo, en realidad no tiene sentido. El plan del Creador El ingenioso plan del Creador para nosotros es, que tengamos algo mejor que lo que tuvimos al nacer. Le costó mucho poder ofrecernos este plan. De hecho le costó más que la creación del mundo. Su plan para nosotros no se pudo activar por medio de una órden creativa, por muy poderosa que sea. Costó lo que solamente Dios pudo dar, mucho más valioso que oro. Dio lo que más amó – su Hijo. Lo que Dios estaba dispuesto a hacer por nosotros, solamente se puede medir por medio de la Cruz. ¡Dio todo lo que tenía! Cosas como gracia, bondad, su bendición y los dones forman todas parte de este glorioso paquete, el impresionante regalo para nosotros – Jesucristo. La calidad de la vida que Dios da se demuestra en el precio que fue dispuesto a pagar – su amado Hijo. En Jesús nos es dado todo lo que necesitamos para vivir una vida verdadera – “conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno.” (Romanos 12:3). Sin embargo, esto no sucede automáticamente – tenemos total libertad para aceptar o rechazarlo. Hay tantos regalos que recibimos sin pedir por ellos como el sol, la lluvia, el aire. Pero hay otros regalos que Él no nos dejará casualmente encima de la mesa. Son cosas tan valiosas que nos las quiere dar personalmente, entregarnoslas de sus manos en las nuestras. El principio según el que Dios procede es: “Pedid, y se os dará. [...]Porque todo aquel que pide, recibe[...].” (Lucas 11:9-10). Si no pedimos, no recibimos. Si no recibimos lo que Dios tiene realmente preparado para nosotros, no tenemos más idea de la gracia y el don de Dios que una mosca de Mozart. Millones de personas reciben esta vida que es la vida verdadera, pero millones de personas no la reciben. Esto no es en primer lugar una cuestión para el debate académico o teológico. Algunos se pierden lo que Dios tiene para ellos, porque van por el camino equivocado de prejuicios o tendencias actuales, dejando a Dios a un lado como si estuviera fuera de moda. Pero créame, Dios no sigue los dictados de la moda. “Conoce el Señor a los que son suyos” (2 Timoteo 2:19). Más grande que nosotros Cada uno de nosotros tiene otras cosas – comida, música, deporte, trabajo, entretenimiento – que le dan alegría y satisfacción, pero estas preferencias pasajeras no nos pueden hacer realmente felices. Hay algo dentro de nosotros que clama por algo de real significado, por amor que no nos dejará, algo que nos hace más grandes e importantes que nuestro pobre ser. Dios hizo el mundo para nosotros, pero sin embargo somos más importantes que el mundo que nunca podrá realmente llenar o satisfacernos. Es la mano de Dios que nos eleva a la vida que tanto anhelamos. Solamente Él nos hace crecer. Nosotros estamos aquí para sus planes y propósitos – para hacer su voluntad. Y su voluntad es más clara que el agua: “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura” (Marcos 16:15). Seguir su llamado es la forma de vida más alta posible en la tierra. ¿Es ésta la vida que está viviendo? Quisiera invitarles a cambiar su trato con el Señor en el 2009, el año por venir. El mundo a nuestro alrededor está cautivo en temor, preocupaciones, insatisfacción y desasosiego – aparentemente más que antes. Sin embargo, Dios tiene la vida verdadera preparada para ustedes, la vida en una directa y profunda relación de todo corazón con Él. Él les guiará, les usará para llevar su palabra al mundo, para construir su reino y seguir su llamado. Decidan ahora permitir que Dios les use en este año que viene. Salgan de su pequeño mundo. Pídan a Dios que les ayude a obtener esta vida que es la vida verdadera, la que Él quiere que vivan. ¡Créanme, es tiempo de vivir para el Señor y su reino! “A los ricos de este mundo, mándales que no sean arrogantes ni pongan su esperanza en las riquezas, que son tan inseguras, sino en Dios, que nos provee de todo en abundancia para que lo disfrutemos. Mándales que hagan el bien, que sean ricos en buenas obras, y generosos, dispuestos a compartir lo que tienen. De este modo atesorarán para sí un seguro caudal para el futuro y obtendrán la vida verdadera.” (1 Timoteo 6:17-19, NVI) “Pelea la buena batalla de la fe, echa mano de la vida eterna, a la cual asimismo fuiste llamado[...].” (1 Timoteo 6:12) |





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