| Estudios biblicos: Una Europa lavada en sangre |
| Escrito por Reinhard Bonnke |
|
Creemos en una África lavada en sangre. ¿Y una Europa lavada en sangre? ¿No es cierto que lo que es posible en África también lo es en Europa? Ha llegado el tiempo para ver que sí. Europa puede cambiar por el poder del evangelio, la mayor fuerza de cambio activa sobre la tierra. Hay sociólogos e historiadores que hablan arrogantemente de la “era post-cristiana”, sin embargo, esto no existe. El evangelio no está muerto, está aquí, no ha cambiado y se puede aplicar hoy de la misma manera que antes. Es la verdadera alternativa disponible en esta vida. Durante trescientos años, el razonamiento rechazó la revelación. Hoy, el razonamiento es declarado algo absurdo por la enseñanza postmoderna sobre la irracionalidad. Pero no seamos negativos ya que esto nos ofrece una oportunidad para el evangelio que no deberíamos dejar desaprovechada. Siempre hemos sostenido que la lógica humana no es razonable en los ojos de Dios. Sus pensamientos trascienden la inteligencia humana, y es a la luz de su sabiduría que la humana queda reducida a la insensatez. Esto, a su vez, nos permite decir que Dios es, en cierto sentido, postmoderno. ¿A caso es posible que Europa sea lavada en la sangre de Cristo? Se dice que los africanos son muy emocionales y los europeos muy duros. Pero esto no es verdad. La cultura africana cultiva cierta hostilidad frente a importaciones desde el extranjero, sobre todo frente a una nueva vida presentada por un evangelio revolucionario. Durante más que cien años hubo misioneros viviendo y muriendo en África, luchando con problemas muy complejos y duros y apenas vieron unas cuantas almas salvadas. Y la historia africana no es muy benévola frente a importaciones europeas o todo cuanto se parezca a ellas. El “Continente Negro” ha producido muchos mártires cristianos y lo sigue haciendo. Hace décadas que Dios plantó la visión de una “África lavada en sangre” en mi corazón. En aquel tiempo yo era miembro del equipo de una pequeña misión donde a veces predicaba para tan sólo cinco o seis personas. Una “África lavada en sangre” era una fantasía con la que una persona sensata e inteligente no debería entretenerse. Pero la visión estaba conmigo día y noche y no me dejaba. Al principio, yo vacilaba, pero llegó un día que empecé a actuar. Me sentía como si, al igual que Moisés, yo había golpeado la roca en el desierto; empezaron a fluir ríos que siguen fluyendo treinta años más tarde. Como el río de Ezequiel, estas aguas han llegado a ser una corriente poderosa que arrastra y disuelve las manchas oscuras de siglos de conflictos, guerras y matanzas en la tierra africana. El evangelio dispone de recursos y respuestas para las necesidades humanas; no importa la raza o cultura. Solo sangre puede cubrir sangre La tierra europea debe ser igual de mala que la africana, igual o mucho peor. De hecho, es la tierra que más sangre ha visto correr en este planeta. Solo sangre puede cubrir sangre: “… porque esta sangre amancillará la tierra, y la tierra no será expiadada de la sangre que fue derramada en ella, sino por la sangre del que la derramó” (Números 35:33). El cordero de Dios derramó su sangre a favor de los seres humanos que derramaron sangre, él murió por ellos. Todas las aguas de los siete océanos nunca podrán quitar las manchas de sangre, pero la preciosa sangre del Hijo de Dios puede quitarlas todas. Dios quiso tenerme en África, por lo tanto, la visión de una África lavada en sangre era especialmente importante para mí. Pero él ha puesto a otros en Europa. Dios no tiene preferencias ni prejuicios. Los pueblos africanos no han pedido ni solicitado derechos exclusivos sobre la compasión divina. Ahí, obviamente, no reinaban las condiciones básicas necesarias para un avivamiento. Los primeros cristianos dejaron maravillados a los griegos, romanos, judíos y bárbaros con la gloriosa verdad que encontramos en Efesios 2:4: Dios nos amó con su gran amor. Su gran amor es su hijo y fue con su hijo que nos amó a todo el mundo: con su hijo, mediante su hijo, a través de su hijo. Y es así que sigue amándonos hoy en día. No hay otro amor que lo pueda reemplazar. Dios nos ama a todos – siempre – con todo su ser, porque él es amor y no le importa de dónde seamos, si de África o Europa. Pablo escribió una carta a los hermanos en Roma, la ciudad más grande, intelectual y pagana de aquellos tiempos y les dijo: “… en cuanto a mí, pronto estoy a anunciaros el evangelio también a vosotros que estáis en Roma. Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego” (Romanos 1:15-16). ¿En qué tipo de Dios creen los europeos? ¿Acaso creen en un Dios que es omnipotente en África pero impotente en Europa? El Dios a quien yo conozco ha salvado más de una vez a una millón de personas en seis días – incluso en tierras africanas – y es capaz de hacer lo mismo donde él quiera. ¡Abracen la visión! La visión de una Europa lavada en sangre sólo puede hacerse realidad si creemos en ella y actuamos conforme. Si no hacemos nada, nada sucederá. Dios no necesita enseñarnos visiones inspiradoras para hacer lo que nosotros podemos hacer; nos las da para enseñarnos lo que él puede hacer y nosotros no. Nosotros somos extraordinariamente buenos en ser regulares, pero él nos ha escogido para vestirnos con el honor de lo extraordinario. ¡Abracen la visión! Hay quienes dicen que no son el tipo de persona que cree en visiones. Está bien. Pero José, quien soñaba sueños no soñó con la tierra prometida. El se apoderó de las promesas que Dios había dado a Abraham, Isaac y Jacob y “dio mandamiento acerca de sus huesos” para que el pueblo de Israel se llevara consigo su momia al entrar en Canaán (Hebreos 11: 22). Ocurrió un día, cuando Pedro estaba en alta mar que vio una persona acercándose sobre el agua. Para saber si se trataba de Jesús, Pedro le dijo que le ordenara caminar sobre las olas. Exigir lo imposible es lo que identifica a Jesús. Se ha dicho de los eventos que se dan en África que son una “visitación divina”. ¿Proviene esa terminología del Nuevo Testamento? ¿Acaso el interés divino es selectivo y se muestra ocasionalmente, por pura casualidad? ¿Acaso Dios dispone de una lista de visitas para recordar pasar, de vez en cuando, por ese lugar o aquél siempre y cuando pueda apartar tiempo de sus responsabilidades cotidianas? ¡Por supuesto que no! Nosotros somos la responsabilidad de Dios, su primordial ocupación es salvar, sanar y bendecirnos, no importa el continente en el que vivamos. ¡Él nunca nos deja! Visitación divina no es Juan 3:16, el texto sobre el Dios que “tanto amó al mundo”. Nuestro Dios no es un Dios que ama a algunas personas en algunos lugares y lo demuestra enviando de vez en cuando un “avivamiento”. África no fue un escenario especial preparado para una virtuosa actuación. Dios no es ninguna prima donna que solo actúa en ocasiones especiales; él nunca se ausenta de la función. Él nos dice que tenemos que orar por trabajadores para la cosecha y él mismo se llama Señor de la cosecha. ¿Se iría sin más dejando atrás el campo que es tan importante para él? No podemos “discutir” a alguien de las tinieblas para sacarlos de ahí. Todo lo tenemos que hacer es encender la luz. Europa fue llevada al desierto pero no hay ninguna columna de fuego para guiarles. Las iglesias muchas veces son como un simulador de vuelo, pero nadie nunca vuela de verdad. La gente siempre aprende y estudia pero nunca evangeliza. Y a aquellos que buscan una luz que les guíe, se les ofrece teoría de libros en su lugar. ¡Un amigo evangelista me contó que un pastor se fue en mitad de una de sus campañas evangelísticas para ir a una conferencia sobre evangelismo! Jesús vino a buscar y salvar a lo perdido. ¡Nosotros en Europa encajamos perfectamente en el cuadro! Si hay un momento idóneo para querer ver y esperar cómo Jesús obra en Europa, es ahora. Ha llegado el momento de hablar de una Europa lavada en la sangre de Cristo. Ha llegado el momento para pensar en grande y no solamente sentarse a descansar después de haberse ocupado del propio jardincito. Somos los únicos “cambiadores del mundo” que hay. La moda tiene sus temporadas, pero solo el evangelio puede re-formar la historia. Puede que nuestras ciudades se parezcan a aquellas en Canaán, rodeadas por muros que llegan hasta el cielo – encerradas por incredulidad. Pero – y no nos olvidemos de ello – los muros de Jericó cayeron. Los muros de la incredulidad en Europa comienzan a desmoronarse. Lo que tarda ya demasiado tiempo es el grito de pueblo de Dios. Hace poco el comunismo, un Jericó moderno, parecía ser un castillo impenetrable que amenazaba el progreso cristiano, pero 75 años después de repente colapsó. Llega la marea Yo crecí cerca de la desembocadura del río Elba en el norte de Alemania y muchas veces veía como aquellos típicos barcos de río se quedaban encallados en los bancos lodosos del río. Ni un remolcador ni ninguna otra máquina podía sacarlos de ahí. Pero cuando llegaba la marea, casi imperceptible, subiendo lentamente rodeando a aquellos colosos inmovibles de agua, no tardaba mucho hasta que aquellas cientos de toneladas salían a flote. Desde el muelle los podía mover con un pequeño empujón. Cuando obedecemos al Espíritu Santo, las aguas empiezan a subir. Esto es un hecho y no una ilusión. Vemos cómo se cumplen promesas que algún día sonaban a fantasía. Las palabras de Joel se están cumpliendo: “derramaré mi Espíritu sobre toda carne”. En el año 1904 estaban sentados unas dos docenas de personas, la mayoría de ellos negros y algunos blancos, en una carpintería medio quemada en Los Ángeles creyendo en Joel 2:28 y hablando en lenguas. ¡La gente pensaba que eran un chiste! Las estadísticas del año 2000 demuestran que hay 524 millones de cristianos pentecostales-carismáticos. Más de uno de cada diez de la población adulta de todo el planeta. Si dos docenas se convierten en 524 millones en menos de un siglo, ¿en qué se podrían convertir 524 millones? Ahora es el tiempo de trabajar y no perder la esperanza. Echemos otro vistazo a lo que dice la Biblia. Dios hizo un acto dramático en Jerusalén cuando Cristo murió. Con su poderosa mano partió el velo largo y pesado del lugar Santísimo en dos, de abajo hacia arriba, declarando que el acceso a Dios estaba abierto a todo el mundo. Pero más aún, lo que significó es que el Dios del templo estaba ahora en todo el mundo y no ligado a un lugar en la tierra, ni siquiera Jerusalén. “que la hora viene cuando ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre.” (Juan 4:21); significa que estará indiscriminadamente dondequiera que estemos en total fidelidad. “El que me ama, … ; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él” (Juan 14:23). Durante la fiesta judía de Pentecostés en Jerusalén recibieron los primeros discípulos – todos judíos – el don del Espíritu Santo. Algunos años después, uno de ellos, Pedro, predicó a europeos gentiles en Cesarea. Todos fueron bautizados en el Espíritu Santo. De regreso en Jerusalén dijo: “Dios, pues, les concedió también el mismo don que a nosotros” - el don del Espíritu Santo – porque “Dios no hace acepción de personas, sino que en toda nación se agrada del que le teme y hace justicia” (Hechos 11:17; 10:34-35). Europeos en una ciudad gentil lejana, pero el mismo don de Dios. Dios lo había hecho otra vez, pero con una diferencia. También fue diferente en Samaria. Dios no copia simplemente lo que ha hecho en el pasado. El Avivamiento de Gales en 1904 y el Gran Despertar americano que tuvo lugar hace 250 años también son diferentes que el avivamiento en Samaria. Leemos que “había gran gozo en aquella ciudad” (Hechos 8:8) – y hay gran gozo ahora en África. Dios no obra de manera monocroma. El pasado no debe de tener al presente como rehén. La Tierra será llena de la gloria del Señor ¿Habrá un avivamiento global antes de que venga Jesús? Mi llamado es predicar el evangelio y no hacer especulaciones. La promesa en Habacuc 2:14 es suficiente para mí – “la tierra será llena del conocimiento de la gloria de Jehová, como las aguas cubren el mar”. Las aguas cubren el fondo del océano y no hay ni un lugar seco. Ningún intelectual, ningún diablo puede prevenirlo. Incredulidad, posmodernismo europeo y filosofía humanista no son más que una serpiente que se tuerce, para un lado y para otro, cambiando contínuamente su forma. Pero una cosa es segura: Dios le romperá el cuello. Confundidas y descaminadas, las naciones occidentales están esperando a cristianos fuertes que les guíen nuevamente a la fuente de agua viva. Desafortunadamente podemos perder la oportunidad, distraídos por los intereses mundanos. El día de Pentecostés se reunieron 120 discípulos en Jerusalén. Pablo dijo que uno 500 hombres habían visto al Cristo resucitado, así que 380 estaban muy ocupados y se perdieron la reunión más grandiosa de todos los tiempos. Los 120 tomaron las palabras de Jesús muy en serio y realmente “esperaron en Jerusalén”. En 1988 en Nairobi, Teresia Wairimu me oyó predicar. Llena de anhelo por Dios esperó seis años a que llegará una Conferencia de Fuego de CfaN cerca, orando que fuera bautizada en el Espíritu Santo. Finalmente escuchó que yo estaba en Noruega y decidió no esperar más; tomó un avión y llegó a nuestra reunión evangelística en Noruega. Cuando invite a pasar al frente para oración, ella fue la primera en correr hacia adelante. El poder de Dios la tiró al suelo. De regreso en Nairobi tuvo la primera reunión en su casa con 17 personas. Iba creciendo por decenas, cientos, miles y decenas de miles de personas. El otro día ella me presentó como evangelista invitado ante una congregación de cientos de miles de personas. En la vida todo se trata de cambio. La marea cambia y puede levantar a Europa de sus bancos lodosos donde se quedó encallada, exactamente como aquellos barcos de mi infancia. “Para Dios todo es posible” (Mateo 19:26). Reinhard Bonnke |
Europa - 







Europa